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El camino hacia la unificación de Irlanda

  • Foto del escritor: #GolverTvTorreón
    #GolverTvTorreón
  • 24 dic 2019
  • 2 Min. de lectura

Creen muchos políticos en Irlanda del Norte, de uno y otro bando, que los conservadores nunca han llegado a entender la caja de los truenos que estaban abriendo con el Brexit. La idea de alterar, aunque fuera mínimamente, el delicado equilibrio alcanzado en los Acuerdos de Paz de Viernes Santo con una nueva frontera entre las dos Irlandas agitó las aguas de este territorio. Pero sobre todo, la perspectiva de que los norirlandeses —acostumbrados ya a convivir sin problema con un alma británica o irlandesa— se vean arrebatados de repente de su pasaporte europeo ha resucitado el debate sobre la reunificación. Mucho más, después de que en las elecciones generales del pasado 12 de diciembre los partidos republicanos (partidarios de una sola Irlanda) lograran por primera vez superar a los unionistas (favorables a permanecer en el Reino Unido). El Sinn Féin y el SDLP obtuvieron nueve diputados, frente a los ocho del DUP.

¿Cuál sería el mecanismo constitucional para poner en marcha la unificación?

El Acuerdo de Viernes Santo. El reparto del poder entre republicanos y unionistas en el laborioso acuerdo de paz de 1998 estableció una doble llave para cualquier decisión, como modo de comprometer a ambas partes en la reconstrucción de Irlanda del Norte y de la necesaria reconciliación.

Un nuevo Gobierno autónomo y una Asamblea territorial en Stormont (Belfast) echaron a andar. Pero el cambio constitucional que trajo el texto contemplaba la posibilidad futura de que, en algún momento, la voluntad democrática de los norirlandeses impulsara la reunificación de Irlanda. De un modo claro en el espíritu, pero ambiguo en el procedimiento, dejó en manos del ministro para Irlanda del Norte la decisión de abrir esa vía.

“Si en algún momento le parece que exista una mayoría del censo electoral que expresara un deseo de que Irlanda del Norte dejara de formar parte del Reino Unido y pasara a formar parte de una Irlanda unida”, dice el acuerdo, el ministro tendría capacidad, a través de un decreto ley, de permitir un nuevo referéndum.

En 1973 se rechazó ya abrumadoramente esta posibilidad, pero con una consulta de dudosa validez. Los partidos republicanos, respaldados por la comunidad católica, boicotearon el referéndum. Solo votaron los unionistas protestantes. La participación fue del 59%. Un 99% de los consultados respaldó la permanencia en el Reino Unido.

¿Cómo se determina si hay voluntad de votar?

No está definido por ley, y de momento la cuestión ha permanecido reducida al ámbito académico. La Unidad Constitucional, un prestigioso centro de pensamiento adscrito a la Universidad de Londres, ha sugerido como criterios indicativos una mayoría constante y sólida en los sondeos de opinión, una mayoría de católicos en el censo electoral norirlandés, una mayoría de fuerzas republicanas en la Asamblea de Stormont o una votación directa sobre el asunto en ese Parlamento autonómico. Hay cierto consenso en que estas dos últimas serían las señales más claras.

El problema reside en que hace más de tres años que ni el Parlamento ni el Gobierno norirlandés se reúnen. La tensión entre republicanos y unionistas con sus continuos reproches han paralizado la autonomía política del territorio. Londres ha recuperado las competencias y solo en los últimos días se han reanudado las conversaciones para volver a poner en funcionamiento las instituciones autóctonas.

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